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LA CAZA DE MAÓN - Nerea Dorado Ruz


LA CAZA DE MAÓN


Maón era un niño delgado, iba vestido con piel de jabalí, le gustaba cazar como a su padre Liz y su carácter era alegre y cariñoso. Su madre, Cleopatra, era alta, iba vestida  con piel de mamut, le gustaba estar en la cueva y ayudar, era simpática y agradable. Su padre, Liz, era gordito, iba vestido con piel de oso y era muy gracioso.

Un día cuando Liz salió a cazar, la herida de un oso le hizo caer enfermo, cuando volvió a la cueva cayó al suelo. Su mujer Cleopatra y su hijo Maón  se asustaron un poco, la madre lo cuidó y su hijo Maón cogió la lanza que le regaló su padre y se fue a cazar para alimentarlo. Caminó durante horas pero no encontró a ningún animal que pudiera cazar él solo. Regresó a su cueva con la mala noticia pero cuando fue al lugar donde estaba su padre, vio que había muerto. Cleopatra le explicó a Maón que la vida en la época que vivían era difícil.

Maón, con fé cogió la lanza y se fue a cazar, encontró a un ciervo le tiró la lanza y el animal cayó al suelo. Luego lo ató con una cuerda que llevaba encima y tirando de la cuerda consiguió llegar a la cueva, allí le esperaba su madre con una buena noticia. Cleopatra le felicitó por su caza, Maón le preguntó que cual era la buena noticia. Su madre le dijo que había hecho un descubrimiento muy importante, el fuego. Le contó que había cogido un trozo de tronco y 2 palitos, que frotó y salió fuego, le explicó que con él podrían iluminar las cuevas, cocinar alimentos y protegerse de los animales salvajes. Desde entonces usaron el fuego.

Madre e hijo salieron a cazar juntos, cuando mataron al ciervo cogieron los huesos para fabricar nuevos utensilios, la piel para vestirse y la carne para alimentarse. Así fue como  Cleopatra y Maón cogieron más confianza en sí mismos.
 
Nerea Dorado Ruz

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